viernes, 24 de agosto de 2007

Mientras suena el Ipod.


Ipod color nena que me hace compañía. Amor y sopa caliente, todo lo que quiero. Reset. Empezar de cero. Empezar otra cosa. Lindas cosas. Ahora sí. ¿Cambios? Eso le digo a la gente. Las palabras sencillas de decir y gustosas de escuchar. Pero yo no pienso en cambios, pienso en vidas, en momentos.
Cada momento esconde un mundo diferente. Los momentos son todo. A veces se olvidan algunos, pero de todas formas se vivieron.
Momento de sopa con vacas, vacas kosher. Momento de destornilladores. Ropa sucia y budín marmolado. Para revivirlo mañana. Bolsas, lindas, feas, llenas y vacías. Yadró (¿se escribirá así?), muñecos de porcelana ¿no dije que quería deshacerme de los muñecos? Regalos firmes y prometidos. El bolso que viene y va. Viene lleno, vuelve vacío y se llena de nuevo. Bolso con refill. Más disimulado que una valija, más lento, más tranquilo, sin apuro. Cajones mezclados. Medias y pijamas. Perchas de madera que nunca compramos. La calefacción: un tema aparte ¿cuándo prenderla? ¿en dónde? Heladera grande o con poca comida, y pava eléctrica, por ahora la estrella de la cocina, la única que ya empezó su trabajo de verdad.
Chiquito el parlante del Ipod color nena, pero qué potencia, con qué nitidez suena. Shuffle songs, que decida él, yo ya estoy eligiendo demasiado.
Topetinas, frazadas y cinta aisladora ¿todo eso necesita una casa? Papel afiche, una buena idea de buenos amigos. Austera, simple. Y el cuarto cerrado. Un rincón que se abrirá en otro momento. Con ideas, con proyectos. Por ahora, dos ambientes y una puerta con llave.
Alicate ¿no traje alicate? Esto de la espontaneidad a veces me juega en contra. Y menos mal que compré los posavasos, una visionaria. Plata tirada y compartida. Desorden y prolijidad. Luz, mucha luz. Mientras suena una canción desconocida que no sé cómo llegó a mi Ipod ¿la puse yo?
Joya nunca taxi. No entiendo esa frase, pero ahora tomo taxi. Llegaste. Qué lindo verte en casa. Dame un beso ¿o dormimos juntos? Ah, sí.

jueves, 23 de agosto de 2007

Neblina...


¿Serán ganas de no ver, que se nos aparecen a todos al mismo tiempo? ¿Será viento concentrado que se cansó de avanzar y quedó varado en un punto, y se fue acumulando, como el tráfico de la calle Corrientes en horas pico? ¿Será miedo, como en las películas de terror que veíamos a oscuras con una pila de chocolates que quedaban intactos, porque los nervios no nos dejaban comerlos?
No se qué es la neblina, ni por qué viene, ni para qué sirve, lo que sí sé es que los días con neblina son distintos. Tienen otra textura, otra escenografía. Porque la neblina oculta lo que hay más allá, y nos obliga a ver lo de más acá.
La neblina es el ahora, es lo que tenemos, lo que nos rodea y nos toca de cerca. La neblina es no fijarse en el afuera, en el futuro, en lo que viene, ni en los demás. La neblina es uno, tal como es, sin que nadie lo vea.
A veces la neblina es necesaria. Otras veces molesta, abruma con su presencia y nos llena de soledad.
Algún día la neblina se pondrá en venta, como todo en este mundo, y cada quien decidirá cuándo utilizarla. Entonces cuando uno necesite recordarse, sentirse, mirarse, tendrá su neblina para que lo proteja.
Quizás todos tenemos ya nuestra propia neblina ¿nos hará falta verla para percibir que está?

viernes, 10 de agosto de 2007

Black out


Sentada en mi casa, la que ahora va a ser mi casa, o ya lo es, o todavía no. Sentada esperando nada. Sí, esperando algo, pero sin el apuro del que espera, sin la carga del esperar, sin prisa ni ansiedad; solo esperando porque eso fue lo que me trajo hoy acá. Con el sol de la tarde, hermoso sol, el sol que elegí, que elegimos juntos, porque nosotros decidimos desde donde mirarlo, y pensamos cuidadosamente desde donde nos iba a mirar, y así lo quisimos. Y ahora que ya podemos disfrutarlo lo siento mío, nuestro. Tenemos un sol, y con eso tenemos todo.
Tan vacío pero tan lleno. Sin nada y a la vez con tanto. No hay muebles, ni siquiera un pequeño taburete (no sé si alguna vez tendremos uno), pero hay ideas, sueños, ganas y proyectos. Hay risas, besos, miradas y caricias. Hay esfuerzo, dedicación y empeño. Hay todo lo que necesitamos, porque hay el amor que nos tenemos.
Un ruido me hace asomar al balcón y mirar la calle, la vieja calle, o la nueva calle. No es la misma calle que caminaba hace algunos años, se ve distinta. Más grande, más seria, más sólida, se ve desde arriba, pero sí es la misma.
El barrio también se ve distinto, mi viejo barrio, o mi nuevo barrio, el barrio que me vio crecer y el que ahora nos va a ver juntos.
Tenemos black out, que se suba el telón y que empiece esta nueva vida.

domingo, 5 de agosto de 2007

¿Fiaca?


Algo no me deja levantar, llamémosle "fiaca", no se. Lo cierto es que se me terminó la tinta de la birome antes que la hoja, y en un intento desesperado por extraer la última gota que quedara, la birome cayó al piso y rodó al otro lado de la cocina, y justo cuando estaba por confirmar mi teoría acerca de que la fiaca no me dejaba levantar, sin pensarlo me paré de un salto para despedirme de ella y tirarla a la basura.
Entonces mi teoría se derrumbó de golpe. ¿Era realmente fiaca? ¿Qué es la "fiaca" en realidad? ¿Qué se esconde detrás de ese término -porque ya pasó la categoría de palabra- que funciona como aliado indestructible y justifica cualquier falencia, irresponsabilidad u omisión del que se la adjudique libremente?
"No fui, me dio fiaca". Ah, entonces no hay problema. "No lo hice porque tenía fiaca". Perfecto, si es así, no hay nada más que hablar. O peor aun "Lo haría, pero me da mucha fiaca".
Qué hipocresía. Es obvio, salta a la vista de cualquiera que lo quiera analizar, que la "fiaca" es un fiel reflejo de las ganas. Es la forma sutil y homologada socialmente de decir "NO SE ME CANTA".
¿Por qué no hablamos con propiedad? ¿Por qué no dejamos de ser tan falsos? ¿Por qué buscamos la manera de quedar siempre bien ante los demás, de ser comprendidos y apoyados, en lugar de decir lo que realmente sentimos?
Y me quedé sin ganas de seguir escribiendo. Me surgieron ganas de levantarme de esta silla en la que pasé las últimas dos horas. Y entonces dejo todo y me voy, porque se me canta.

lunes, 30 de julio de 2007

Dolor de cuello


El dolor no me deja escribir ¿es realmente así? Parece serlo, pero ¿por qué el dolor?
Uf! Malditas explicaciones. El dolor porque sí, porque a veces duele, porque le pasa a cualquiera. Pero cuando le pasa a uno surgen las interpretaciones. ¿Quién quiere interpretarlo? Es dolor y punto.
Sobran las formas de entenderlo y los motivos a los que adjudicárselo. Pero no nos enrollemos con especulaciones ni saquemos conclusiones falsas e inventadas. Es un dolor como cualquier otro. Hoy me tocó a mí. Mañana será alguien más. Al que le toca, le toca. Como el terrome-terrome. A veces es así, y basta. ¿Qué tantas explicaciones? ¿O acaso cuando hacíamos terrome nos cuestionábamos por qué le había tocado al pobre desafortunado que salió? Le había tocado, y punto. Mala leche, agua y ajo -a aguantarse y a joderse-. Así es la vida, a veces toca.

lunes, 23 de julio de 2007

Hombre cartón

Ganador, altanero y vaquero.
Compañero, hombre fiel, triunfador.
Constructor de la vida, comprador de alegría,
Un buenazo, un compinche, un señor.

Cuando busca pan para su vida.
Cuando pasa el tren del terror.
Y camina las calles tan frías.
Cuando el hombre se llama cartón.

Mal conocido, hombre bandido.
Ser decadente, alma imprudente.
Pobre de sueños y de esperanzas.
Un mal nacido, chorro de raza.

Tren callejero, dame dinero.
Busca fortuna por la basura.
Canta bajito, silba poquito.
Nadie lo mira, es porquería.

Pasan las calles, pasa la vida.
Vuelve a su casa, busca alegría.
Pasan los años y su estación.
Vuelve a su barrio, es un señor.

En un cuarto, quince

Son personas, almas sueltas por la vida.
Nada pueden decir, nada quieren callar.
Y se miran y se piensan y se escuchan
Y se ayudan y se sienten y se van.

No se tocan, no se miran, no se lloran.
No se juzgan, no se huelen, no se están.
Parpadean y se llenan de preguntas.
No responden, solo piensan, nunca mal.

En un cuarto quince almas se lamentan.
En un cuarto quince sueños que se van.
Muchos crecen, muchos sufren, muchos quedan.
En un cuarto quince rostros que no están.

Las paredes los escuchan desde lejos.
Las miradas más perdidas pasarán.
Los carteles, los avisos y los besos.
Las penumbras, los encuentros que serán.

Piden fuerte, no se callan.
Piden pronto, piden más.
Son tan pocos en el mundo.
Están solos y no están.

En un cuarto quince almas se lamentan.
En un cuarto quince sueños que se van.
Muchos crecen, muchos sufren, muchos quedan.
En un cuarto quince rostros que no están.